Con lo que está ocurriendo en este histórico y emblemático Hotel de Marbella, están en juego, en primer lugar, los derechos de los trabajadores y trabajadoras, entre otros el derecho a trabajo efectivo, a cobrar su salario para vivir con dignidad (llevan ya siete meses sin cobrar), a su integridad física y emocional, mancillada constantemente; a ser respetados como ellos han respetado a la empresa y a las instalaciones del hotel a pesar del conflicto, y el derecho a que se les dé una solución cuanto antes, porque su situación es alarmante.
Y en segundo lugar se está infringiendo un fuerte castigo a la actividad turística de nuestra ciudad, que no olvidemos es el motor de nuestra economía y nuestro empleo y seña de identidad de Marbella en todos los rincones del mundo.
En este conflicto está quedando patente la impunidad de este seudo empresario ante sus constantes quebrantamientos de nuestra Constitución, de nuestro Estado de Derecho, de nuestras leyes laborales, etc., sin olvidar el incumplimiento de sus obligaciones en materia económica: con Hacienda, con la Seguridad Social, y, principalmente, el pago de los salarios.
A estas alturas, ha quedado patente que la reapertura formal del Hotel Los Monteros el pasado 26 de junio, tras el cierre patronal ilegal, es una argucia del empresario forzada por la situación, para evitar la denuncia por desobediencia por no acatar el segundo requerimiento del Gobierno Andaluz y la actuación por parte de la Fiscalía por delito penal, puesto que se sigue sin prestar servicio de restaurantes ya que no hay comida, ni agua caliente en las habitaciones, motivo que imposibilita el hecho de poder hacer reserva de clientes en el establecimiento hotelero. A todo ello, hay que sumarle el corte de luz y de agua, por impago de las facturas. Con este panorama de falta de la prestación de servicios básicos, y más si tememos en cuenta que estamos hablando de un hotel de cinco estrella gran lujo, el hotel, de hecho y de derecho, sigue cerrado.