Hemeroteca :: 01/09/2008
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Opinión

BOQUERONES FRITOS

José Luis Salas

Por José Luis Salas - MARBELLA
Última actualización 01/09/2008@02:00:55 GMT+1
La escenita se produjo en la tarde del viernes pasado, cómo a las cinco de la tarde, taurina a más no poder. Semáforo junto al edificio Marbell Center, buscando el giro hacia Puente Málaga. El primero de la fila, un vehículo de andar por casa tipo Ibiza o Ford Fiesta, y conduciendo un treintañero y un copiloto de su misma edad. Tras ellos, unos cuantos coches, entre ellos el mio.
De repente, y cómo debe ser, la luz del regulador de tráfico se torna verde, pero el Cenutrio que va primero no termina de decidirse. Finalmente lo hace, pero para deternese en plena entrada de la calle, que también tiene su correspondiente semáforo en verde para nosotros, los coches, y rojo para los peatones. Mientras, unos ocho vehículos nos hemos quedado en tierra de nadie, en la puta calle, “ni pa lante, ni patrás”. La prudencia y la posibilidad de que al nota se le calase el coche era una sensible realidad, pero todo cambia cuando el amigo se baja y se dirige hacia el aparcamiento que ocupa una moto de gran cilindrada.

El Cenutrio no se mueve ni un centímetro, y eso que algunos conductores han comenzado a darle al claxón (más de uno le hubiera dado con algo más fuerte). Nada, que el Cenutrio encontró aparcamiento y no piensa dejar que se escape, y allí sigue plantado, esperando que el amigo saque su motocicleta para colocar sus cuatro ruedas. A estas alturas el embotellamiento es completo y algunos han conseguido avanzar colándose cómo pueden por algún hueco, cosa que no todos logran hacer.

Las bocinas siguen sonando al igual que los improperios al Cenutrio, que oigan, ¡no cede ni un centímetro!. Viendo que el semáforo de mi dirección contraria ya se abrió, y que no me apetece ser embestido, ni tampoco taponar a los que van en ese sentido, hago varias maniobras que me colocan junto a la ventanilla del Cenutrio, que sigue “quieto parao” y con otros coches detrás, no tan afortunados cómo el mío.

Efectivamente, lo que veo es a un Cenutrio de marca mayor, derrochando un egoismo supino, que pasa de todo lo que sucede a su alrededor: el cabrón estaba cómo quien pasaba por allí.

Detuve mi coche, me quedé mirandolo fijamente y abrí la boca, pero dudo mucho que me escuchase, y eso que le grité.

Fui muy cuidadoso, no le insulté, pero si le dije que o se movía o provocaría un accidente. Repito, tengo serias dudas de que su cerebro de Cenutrio captase la información que le estaba brindando. Finalmente lo esquivé cómo pude y deje atrás, aún con coches y conductores que se estaban ciscando en todas sus mulas.

Se trataba de un Cenutrio en toda regla, cómo quienes conducen sin usar un puto interminente - pensaran que se gasta más dinero si lo hacen o que las lucecitas de colores sólo van bien para ambulancias y discotecas-. CENUTRIO con mayúsculas, egoista de concha gruesa, incapaz de pensar en los demás y lo que es peor, vago, porque le hubieran bastado un par de movimientos de volante para colocarse adecuadamente, y así el resto de coches hubiera circulado facilmente y a él nadie le hubiera quitado su jodida plaza de aparcamiento. Menudo elemento, porque además de Cenutrio y vago, también era torpe.
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