Hemeroteca :: 13/05/2009
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Opinión

TRIBUNA ABIERTA

Rafael de la Fuente

Última actualización 13/05/2009@05:57:19 GMT+1
El 9 de Mayo de 1950 se produce en París, ante más de 200 periodistas, la declaración Schuman, en la que el político francés junto a su compatriota Jean Monnet, proponía la creación de la que sería la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.
Uno de los discursos más trascendentales de la larga y no siempre pacífica historia de Europa, aquel fue el primer paso en la larga marcha hacia la unidad europea. Un milagro entonces en una Europa todavía con las heridas abiertas por dos guerras monstruosas en un intervalo de escasamente treinta años.

Los viejos enemigos, Francia y Alemania, con un historial de siglos plagados de enemistad, entre los signatarios. Y entre ellos el padre de aquel tratado e inspirador del Consejo de Europa, Robert Schuman. Por eso, el 9 de Mayo es el día la patria sin fronteras, Europa.

El 12 de diciembre último se produjo en nuestra ciudad un encuentro con un representante de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo. Largamente esperado y solicitado por ciudadanos españoles y de diversos estados de la Unión Europea, residentes en Marbella y San Pedro. Y que manifestaban encontrarse en una posible situación de desamparo ante las autoridades españolas. Como ya es sabido, por una presunta ausencia de garantías ante las consecuencias de diversas irregularidades urbanísticas propiciadas durante los años complicados de las administraciones gilistas en nuestra ciudad. Según me informaron algunos de esos convecinos, fue sorprendente el vacío institucional que se creó alrededor del dignatario europeo que nos visitaba, el parlamentario de nacionalidad española don David Hammerstein. Vacío que se vio ampliamente compensado por la cortesía y el calor de los ciudadanos solicitantes y las organizaciones vecinales que apoyaban este encuentro.Recuerdo el comentario de uno de nuestros residentes extranjeros, jubilado en la actualidad y con una importante carrera diplomática en su haber. Visiblemente molesto ante la aparente falta de cortesía por parte de ciertas instituciones locales ante nuestro visitante, nos explicaba que la situación le recordaba las vividas en Moldavia y en Georgia, donde parte de la población, partidaria de otra potencia vecina, veía como una intromisión y con indisimulada hostilidad la presencia de una representación de la soberanía europea en su territorio.

Estoy seguro que todo se tuvo que deber a un lamentable malentendido. No estamos en el Transdniéster, en Ajasia o en la Osetia Meridional. Y lo escribo con todo el respeto que se merecen esas regiones, víctimas de complejas y muchas veces injustas encrucijadas geopolíticas. Nos encontrábamos en España. Como dijo el gran historiador alemán Hubertus zu Löwenstein, una de las hijas más nobles de la antigua Roma y pieza fundamental de la nueva Europa.

En esta Europa nuestra, donde el viajero se puede encontrar en cualquier momento testimonios de nuestras raíces compartidas. Como en aquella pequeña iglesia normanda, en Powerstock, en un pintoresco rincón del condado de Dorset, en el sur de Inglaterra. Una cruz celta se levanta en memoria de un joven de aquel pueblecito. John Pascal Rickman, “que falleció en España en febrero de 1937, a la edad de 26 años. Ofreció su vida por la causa de la libertad”.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    970 | Ramona Cabrejas - 13/05/2009 @ 08:20:35 (GMT+1)
    El que os visita está denunciado por la OLAF, y quizás acabe en la cárcel por malversar dinero público, y vosotros lo censuráis.
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