Hemeroteca :: 29/12/2008
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Opinión

TRIBUNA ABIERTA

Rafael de la Fuente

Última actualización 29/12/2008@00:21:26 GMT+1
La primera versión del hotel, situado en una finca junto al mar, a seis kilómetros al este de Marbella, era en realidad bastante modesta. Una veintena de habitaciones alrededor de un atractivo patio andaluz.
Eso sí. Un servicio y una cocina excelentes desde el primer día. Los fans de Los Monteros decían que el hotel era perfecto porque no parecía un hotel. Era más bien un elegante y discreto club privado, relajado y amistoso, aunque inflexible con aquellos que no cumplieran con ciertas reglas de convivencia civilizada y de respeto a los demás clientes y al personal. Los legendarios profesionales de Los Monteros eran el secreto de aquella casa, donde había algún cliente que se divertía durante semanas, inútilmente esperando un “faux pas” o algo que chirriara en aquella maquinaria perfecta. Como otros famosos hoteles de Marbella, pronto se convirtió en un gran favorito de la clientela internacional.

No en vano el hotel disfrutó durante muchos años de su situación entre los hoteles con los precios y las ocupaciones más altos de España. Sus listas de espera eran famosas. Había familias que se transmitían el derecho a ocupar una habitación determinada en unas fechas concretas. Ese éxito permitió ir adaptando el crecimiento de Los Monteros a una creciente demanda del mejor turismo internacional. Las veinte habitaciones iniciales se habían ampliado hasta 168 unidades, en diversos estilos. Situadas en una primera ampliación en el edificio El Mirador o en el Pabellón Mediterráneo en la segunda. Este último fue terminado en 1971. En 1965, tres años después de la apertura del hotel, se inauguró el Club de Golf de Río Real, dentro del complejo.

Unos años después se abre en la playa de los Monteros su famoso Beach Club La Cabane. Modelo definitivo de lo que debería ser una instalación de ese tipo e imitado a partir de entonces en el mundo entero. Y todos pensaron que fue de justicia cuando en la década de los ochenta Los Monteros se convirtió en el primer hotel de España que sería galardonado con una estrella Michelin en honor de uno de los restaurantes de la casa: El Corzo, a la gran carta y simplemente perfecto. Los Monteros, como otros importantísimos hoteles de Marbella, fue un ejemplo de lo que debe ser un gran hotel. Como decía mi amigo el maestro René Lecler del Gritti Palace en Venecia: “La hospitalidad de un gran hotel no se fabrica. Evoluciona y se perfecciona con los años, con una propiedad y una dirección y un personal que se comprometen con la calidad sin fisuras y con un trabajo siempre mejor que el del día anterior”.

A mediados de los años ochenta falleció el fundador y propietario de Los Monteros, don Ignacio Coca. Los tiempos cambiaron. Nuevos propietarios llegaron y se marcharon. Todos intentaron, con la ayuda de un personal siempre leal al hotel, mantener el rumbo de la nave en la buena dirección. Unos con mayores aciertos que otros.

Ahora Los Monteros se enfrenta a una nueva etapa. Y a una situación que los trabajadores de uno de los grandes hoteles de Europa nunca hubieran podido imaginar. Como ciudadano de Marbella, escribo estas líneas con el respeto y la gratitud que nuestros hoteles se merecen. Todos ellos. Recuerdo la vieja máxima hotelera: un destino turístico es tan bueno como sus hoteles. Y Marbella y San Pedro deben mucho a sus excelentes hoteles y a todos y cada uno de los profesionales que dedican lo mejor de su capacidad y su ilusión al reto diario de hacer un buen trabajo. Deseo pensar que los responsables de esta situación, que nadie en esta ciudad puede aceptar, recapacitarán y corregirán el grave e injusto error que se ha cometido.
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